reflexión sobre el término «arte latinoamericano»

Por: Jorge Schneider
Director de la Galeria Menduiña Schneider en California.
www.msartgallery.com/

Arte latinoamericano. Una región. Un término acuñado y usado sin entender bien los límites que conlleva. Una definición que para el mundo del arte, misteriosamente fuera de América Latina, encierra justamente toda la creación artística del subcontinente. Como si el realismo mágico de aquellos escritores como Márquez, Vargas Llosa, Fuentes, Cortázar y Borges fuera calcado cuando entre ellos mismosson realmente disímiles, y quizá el único R ealismo Mágico que los une aun luego de tantos años sea la imaginación que todo trabajo de ficción requiere antes de ser parido. De la misma forma es un error descomunal intentar explicar al Muralismo mejicano, al Realismo Mágico peruano, la Figuración brasilera o a la Abstracción geométrica Argentina y Venezolana bajo el mismo concepto de “Arte latinoamericano”. Si bien es cierto que todas esas escuelas nacieron bajo la Cruz del Sur, también lo es que Fernando de Szyslo no es por ejemplo Diego Rivera o que Eduardo Mac Entyre o Jesus Soto no son similares a Gabriel Orozco o a Di Cavalcanti, por nombrar a algunos de los representantes de diferentes movimientos.
América Latina, si bien tiene una identidad en la imaginación del extranjero no la tiene tan definida en el imaginario de sus propios habitantes. Y tal vez esa falencia sea justamente la razón por la cual la región derrocha una enorme riqueza en las artes plásticas.
Desde los albores de la escuela de Cuzco en el Perú, pasando por el Indigenismo mejicano, ecuatoriano y centroamericano, las escuela de la Boca en Argentina, la gran Figuración brasilera de mediados del siglo veinte, o la abstracción venezolana, el termino ‘Arte latinoamericano” solo sirve como referencia geográfica pero nunca como definición, ya que el arte debe entenderse por orden cronológico y nunca geográfico.
Son los tiempos y no las regiones las que definen épocas, el boom de la literatura y el arte de nuestras tierras se debió más a la vanguardia de pensamiento de sus artistas que a su posición en el globo terráqueo. Y esta bien que así sea ya que el arte es movimiento y nunca limites, por ende la etiqueta con la inscripción “latinoamericano” es inservible a no ser que se la utilice como nombre de procedencia y no como definición de algo similar cuando en realidad es algo mucho mas grande, algo compuesto de artistas que antes que nada son universales y no regionales. Todo arte trasciende cuando escapa los limites que los encarcelan, de la misma manera el arte de nuestras tierras alcanza la grandeza cuando escapa el mote de “Arte latinoamericno” para al fin convertirse en “universal”.

FERNANDO DE SZYSZLO: «Mar de Lurín». Acrílico sobre lienzo, 1989.

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