Actitudes represivas con los niños

Por Marilú Ccencho

Siempre cuestionamos a los niños cuando en su corta edad optan por establecer una comunicación más táctil y pura de expresión con su entorno, y desde luego que en su afán de comunicarse con los adultos los limitamos nosotros mismos con la represión.

Entendamos que para el niño en su afán de comunicarse empieza con señas, balbuceos, gritos y garabatos, que casi siempre son corregidos, evitándolos y prohibiéndolos antes de entender que el ser humano jamás caminará sin antes gatear y no llegará a hablar perfectamente sin balbucear y antes de escribir, se iniciará primero con el proceso del garabateo, toda esta etapa lo hace en el hogar, precisamente al lado de sus padres. A la edad de tres meses, que es donde el niño comienza a emitir sus primeras articulaciones fonológicas (lo cual es una abstracción o síntesis de todo su mundo interno), busca satisfacer una necesidad; la de comunicarse y si no le damos la debida importancia y libertad para hacerlo estarán cada vez más frustrados y se sentirán rechazados al no sentir la respuesta que ellos esperan de parte del receptor.
Por eso, pongamos atención y comprendamos  al niño desde que empieza a comunicarse, evitando obstáculos y problemas que éste aún no va a poder resolver, permitamos que pasen sus primeras experiencias con el apoyo y estímulo de nosotros sus padres o las personas que están a su cargo que para nada se manifieste nuestro pesar por las paredes dibujadas en casa. Por el contrario, permitamos que la etapa de garabateo que va desde los dos a cuatro años sea más eficáz y cumpla con su finalidad, ya que de esa manera enriquecerán su forma activa de comunicación y de aprehensión en la etapa escolar y por ende en la vida.

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